Más frágiles que una burbuja

JOSEP CASANOVAS, ROCÍO GUERRERO Y SU HIJO HUGO. 32 y 29 años, españoles, viven en Barcelona. Josep trabaja como soldador. Rocío está en paro. Desde que están juntos viven en casa de los padres de Josep. En 2006, Josep compró el piso con su ex-pareja. Empezó pagando una hipoteca de 1.200 euros al mes. A los dos años, pagaba 1.900 euros. Desde entonces, el piso está alquilado. Josep aceptó refinanciar su deuda con el banco: actualmente paga 800 euros mensuales pero dentro de un año volverá a tener una mensualidad que no podrá pagar. Rocío está embarazada de su segundo hijo. Al cierre de esta edición, la familia estaba próxima a la cesión del piso al banco a cambio de un alquiler social durante tres años. Aún les quedaba pendiente negociar qué cantidad de la deuda hipotecaria generada por la devaluación del inmueble seguirá a su cargo después de la venta.
DAMIÁN SORRIBAS, YESI PÉREZ Y SUS HIJOS DANIEL Y BRIAN. 33 y 30 años, españoles, viven en Barcelona. Damián es encofrador. La empresa donde trabajaba presentó un ERE en 2012. Yesi también está sin trabajo. Su hijo mayor recibe desde hace años un tratamiento de quimioterapia. En 2004, con la llegada de su primer hijo, decidieron comprar el piso donde viven. Cuando Damián perdió su trabajo el banco le propuso una refinanciación de la deuda. No la aceptó. Aunque el piso ya está subastado todavía tienen que pagar 114.000 euros.
JOSÉ ÁNGEL DEL RÍO, ROSA MARÍA NAVARRETE Y SU HIJA NAYARA. 30 y 27 años, españoles, viven en Sabadell. Desde los 15 años, José Ángel ha hecho todo tipo de trabajos. Actualmente, lleva tres años sin encontrar nada. Rosa no tiene trabajo desde 2011.Trabajaba como encargada de caja en una tienda. Para sobrevivir, José Ángel recoge chatarra en la calle. Cada dos semanas reciben comida de los servicios sociales. Compraron el piso en 2007. En 2011 decidieron renunciar al piso, firmando la dación en pago. En 2012, ante la imposibilidad de obtener un alquiler a través de los servicios sociales, volvieron al piso y lo ocuparon. Actualmente, Rosa y José Ángel ya no están juntos. La mujer sigue en el piso con su hija mayor y su bebé, que nació en enero. El nacimiento del hijo impidió que se ejecutara la orden de desahucio programada para esa época. A finales de julio se realizará un nuevo intento de desalojo. Para esa fecha la mujer espera ya haber conseguido una vivienda de protección social.
GLENDA SARANGO Y SU HIJO ISAAC. 34 años, ecuatoriana, vive en Madrid desde hace 16 años. Glenda es camarera. Cuando quedó embarazada, en 2011, perdió su trabajo y ya no volvió a encontrar otro. En 2006, con la subida de los precios de los alquileres, decidió invertir en la compra de un piso. En ese momento tenía un trabajo estable. La mujer lleva once meses sin poder pagar la hipoteca. Ha solicitado la dación en pago y la concesión de un alquiler social. Glenda es madre soltera de un niño de seis meses. El padre nunca se hizo cargo de él.
PAQUI RONCERO, CARLOS DELGADO Y SUS HIJAS JENNIFER, LUCIA Y CAROLINA. 42 y 47 años, españoles, viven en Getafe. Paqui, en paro desde 2009, trabajaba como asistente en un centro para mujeres víctimas de maltrato. Sufre de forma grave la enfermedad de Crohn. Carlos es informático y no trabaja desde 2010.Tiene una discapacidad del 33% y cobra una pensión de minusvalía. Paqui y Carlos viven con sus tres hijas: la pequeña en común, y las dos adolecentes fruto de sendos matrimonios anteriores de la pareja. Paqui compró el piso en 2000 junto con su primer marido. Tras el divorcio, el piso quedó en copropiedad, pero para uso de ella y de su hija. Actualmente, el ex marido de Paqui lleva tres años sin pagar su parte de la hipoteca y corren el riesgo de que el piso sea subastado. Paqui y Carlos están dispuestos a hacerse cargo de las cuotas hipotecarias futuras, pero no pueden cancelar la deuda contratada con el banco. Esperan poder paralizar el juicio hasta que no tengan una nueva oportunidad de trabajo.
MAREK DRAPALA, MAGDALENA TYBURSKA Y SUS HIJOS DAWID Y DAMIAN. 34 y 36 años, polacos, viven en Madrid desde 2001. Marek es carpintero. Su empresa ha sufrido la crisis del sector y no trabaja desde 2012. Magdalena trabajaba como dependienta en una tienda, pero actualmente no encuentra ningún trabajo que pueda conciliar con el cuidado de sus hijos. En 2005 compraron el piso donde viven con la ilusión de crear un hogar para su familia. No pagan la hipoteca desde hace tres meses para poder dar de comer a sus hijos. Marek y Magdalena pidieron la dación en pago. Después de meses de negociación, la entidad financiera les ofreció cancelar la deuda antes de fin de año, periodo en que el banco intentaría vender el piso. La familia espera la formalización de la propuesta: desea volver a empezar una vida nueva en su país de origen. Quieren dejar España sin deudas.
ABDESSAMAD CAABOUW, KARIMA BELHAJ Y SUS DOS HIJOS AYMAN Y AYOUB 42 y 38 años, marroquíes. Emigraron a Cataluña en 2001. Abdessamad llegó a España con la aspiración de seguir con sus estudios de economía. Terminó trabajando como pintor. Con la crisis perdió el trabajo y desde hace dos años está en paro y no cobra ningún tipo de prestación. Karima es auxiliar de enfermería. Cuando llegó a España trabajó como camarera y actualmente tampoco tiene trabajo. El subsidio del Estado que ella recibe es el único ingreso familiar. En 2006 compraron por 300.000 euros un piso en La Torreta, Barcelona, pensando que hacían una inversión segura. En 2008, cuando empezó la crisis en el mercado laboral, ya no pudieron hacer frente al pago de la hipoteca. Durante unos años trataron de salvar el piso renegociando la deuda. Ahora están resignados a perder el piso y desde finales de 2011 esperan la aprobación de la dación en pago.
ADRIANA VIATELA Y SU HIJO RYAN. 40 años colombiana, vive en Madrid desde 1994. Adriana es auxiliar administrativa y está en paro desde 2010. Desde entonces trabaja solo esporádicamente. En 2001, Adriana fue a trabajar a Inglaterra, donde conoció al padre de su hijo. Juntos compraron en 2004 su piso con la intención de volver a Madrid. Con la crisis, la pareja tenía cada vez más problemas para hacer frente a los pagos. Finalmente, en 2010, el hombre se quedó en paro y decidió volver a Inglaterra. Dejó a Adriana sola y a cargo de todas las responsabilidades. Desde que Adriana se quedó sin trabajo, ha ido entregando cada vez menos dinero al banco. Finalmente este decidió proceder por la vía legal. En febrero de 2013, dejó de pagar definitivamente. Adriana pide la dación en pago. De momento, cada intento de negociación se ha paralizado ante la imposibilidad de localizar a su ex pareja, que es cotitular de la hipoteca.
ANA BELÉN FERNÁNDEZ Y SU HIJO ABRAHAM. 35 años, española, vive en Ciempozuelos. Ana Belén había trabajado como dependienta en una tienda. Actualmente lleva un año sin encontrar trabajo, cobra un subsidio estatal y recibe alimentos de Cáritas. En 2005 compró con su marido el piso don- de vive. En ese momento los dos tenían un trabajo estable. En 2011, el marido, que trabajaba en el mantenimiento de pisos, perdió el trabajo debido a la crisis en el sector. La pareja se quedó sin recursos para pagar las cuotas hipotecarias y, finalmente, se separó. Ana Belén lleva dos años negociando, sin éxito, con el banco: pide para ella y su hijo la dación en pago y la concesión de un alquiler social. En abril se pospuso la subasta del piso. La mujer corre el riesgo de quedarse en la calle y con una deuda de 160.000 euros.
LUIS ENRIQUE FUENTES. 53 años, español, vive en Madrid. Luis Enrique trabaja en el Ayuntamiento de Madrid. En 2005 el hombre compró con su ex mujer un chalet en el que actualmente viven la mujer y sus dos hijos. Luis Enrique puso como garantía de la hipoteca el piso heredado de sus padres. Debido a los recortes salariales y a la subida del Euribor, la familia se fue endeudando progresivamente. En 2011, Luis Enrique aceptó comprar un producto bancario para amortiguar la subida de los intereses que terminó generándole un gasto adicional de 600 euros mensuales. A partir de entonces, la economía familiar se vino abajo, el hombre se divorció y se mudó al piso de sus padres. Desde hace seis meses Luis Enrique y su ex mujer no pagan la hipoteca. Luis Enrique está resignado a perder las dos propiedades y espera que le concedan un alquiler social.
MARI LUZ OLIVER. 45 años, española, vive sola en Barcelona. Mari Luz es jardinera. Durante los últimos años el volumen de su negocio se ha reducido drásticamente. En 2005, ante el aumento creciente de los precios de los alquileres, decidió comprar su piso de Barcelona con su pareja de entonces. Su expareja no trabaja desde hace tres años. Se separaron hace un año y Mari Luz se quedó en el piso sola. Hasta ahora, las dos han seguido pagando juntas la hipoteca. Actualmente, Mari Luz ya no puede hacerse cargo sola de la deuda y ha dejado de pagar la hipoteca. Su piso ya no vale el precio al que lo compró. Se siente víctima de las especulaciones y del sistema financiero. Su deseo es dejar el piso y poder empezar de cero.
PACO CORTÉS LÓPEZ Y NÚRIA FARRÉ OLIVERAS. 54 años. Originarios de Barcelona, delante de su antigua casa de Corbera de Llobregat. Paco trabajó hasta 2012 en su empresa de mantenimiento de pisos. Con la crisis la empresa tuvo que cerrar. Sufre desde hace tiempo problemas físicos que le impiden trabajar. Núria es auxiliar de geriatría. A causa de la fibromialgia que padece no puede trabajar. No recibe ningún tipo de ayuda. Con los ahorros de su vida, Paco y Núria compraron la casa en la que han vivido hasta hace dos meses; pidieron una hipoteca para completar la edificación. Debido a sus enfermedades, Paco y Núria no trabajan y no pudieron hacer frente al coste de la hipoteca. Aún tenían que pagar la mitad de la deuda. Paco y Núria vendieron la casa a un precio muy por debajo del precio de mercado para saldar la deuda. Actualmente viven de alquiler con la baja laboral de él y gracias a la solidaridad de la familia y amigos. Después de haber trabajado toda una vida, lo han perdido todo.
JAVIER VIZOSO Y DINO RODRIGUES. 41 y 36 años, español y brasileño, están casados y viven en Madrid. Javier es vigilante de seguridad y Dino es decorador floral. Debido a la crisis, han sufrido un recorte importante de sus ingresos. En 2006, compraron un piso de 60 metros cuadrados en una zona periférica de Madrid. Durante estos años han pagado un promedio de 1.300 euros mensuales. La presencia de una «cláusula suelo» no les ha permitido beneficiarse de la bajada del Euribor. La pareja lleva dos años buscando negociar la dación en pago de la vivienda. No pagan la hipoteca desde el año 2012. Javier y Dino han decidido que, si solucionan el problema de la hipoteca, intentarán empezar una nueva vida en Brasil.
LUIS BENIGNO BARRAGÁN Y MARÍA CLARA MOGOLLÓN. 55 y 60 años, ecuatorianos, viven en Madrid desde hace 15 años. Luis es camionero. Perdió su trabajo en 2009. Al quedarse sin trabajo sufrió una fuerte depresión y, más tarde, tuvo un cáncer de próstata. Finalmente, le concedieron la prejubilación. María Clara es costurera. Desde 2011 sufre un grave trastorno óseo en la columna que no le permite trabajar. Compraron el piso en el que viven en 2003, cuando los dos tenían un trabajo estable. Al empezar los problemas de salud, la pareja no pudo cumplir con el pago de la hipoteca, que dejaron de pagar en 2012. Piden la dación en pago y la concesión de un alquiler social.
JAVIER MARCHAN Y SUS PADRES MANUEL MARCHAN Y MAGDA HERNÁNDEZ 30 años, español, vive en Esplugues de Llobregat. Javier es electricista. Su situación laboral empeoró cuando empezó la crisis. Está en paro desde 2011. Su madre no trabaja, su padre es panadero y está de baja por tratamiento oncológico. En 2006, Javier compró con su ex pareja un piso y sus padres fueron los avaladores. A los tres años, para poder seguir pagando la hipoteca, Javier decidió volver a casa de sus padres y alquilar su piso. El alquiler que percibe cubre solo la mitad de la cuota hipotecaria. Actualmente, Javier no puede pagar más la diferencia. Está dispuesto a perder el piso y asumir una parte de la deuda para que no embarguen el piso de sus padres.
MARÍA FERNANDA PEREIRA, CARLOS DANIEL BAPTISTA, SU HIJA ANA SOFÍA Y SU NIETO GUILLERMO. 59 y 61 años, portugueses, viven en Collaldo-Villalba desde 1991. María Fernanda trabajaba como mujer de la limpieza. Perdió su trabajo hace 10 años por problemas de salud y ya no encontró otro trabajo. Carlos es conserje en una urbanización privada. Ana tiene 34 años y está en paro; anteriormente había trabajado como empleada y teleoperadora. El matrimonio compró el piso en el año 2000. El único sueldo familiar, el del hombre, no alcanza para cubrir los gastos domésticos. Desde hace dos años no pueden pagar la hipoteca. Carlos sufre desde entonces crisis nerviosas que le han causado la pérdida de la audición. El piso está subastado. Hasta que no los echen, la familia seguirá esperando la condonación de la deuda y la concesión de un alquiler social.
PEDRO PÉREZ Y SU MADRE ENCARNACIÓN QUESADA. 53 años, español, está divorciado y tiene dos hijos adolecentes. Vive con su madre, Encarnación, de 87 años. Pedro es carpintero ebanista. Está en paro desde hace tres años. Actualmente sobrevive recogiendo y vendiendo cartones y chatarra. Compró su piso en Sabadell en 2008 por 227.000 euros y aceptó una hipoteca de 1.450 euros al mes. Su sueldo base, entonces, era de 1.050 euros. A pesar de haber renegociado la deuda, desde hace seis meses no puede hacer frente al pago. A finales de 2012 el piso fue subastado. Desde que tiene el problema de la hipoteca, Pedro sufre una grave depresión.
ALICIA ESCRIBANO. 49 años, española, vive en Sabadell. Está divorciada y tiene tres hijos adultos. Alicia y su ex marido han trabajado siempre como autónomos, ella en el sector textil y él en el del transporte. En 1995 compraron el piso donde ahora vive ella. Unos años después, pidieron una ampliación de la hipoteca para financiar la compra de un camión. Con la crisis, la empresa del marido quebró y él se quedó sin trabajo. En esa época se separaron. En 2012 el piso se subastó. Finalmente, se lo quedó el banco con una deuda de casi 200.000 euros. Actualmente, los ingresos de Alicia se han reducido a menos de una quinta parte de lo que ganaba hace cuatro años. Pide la condonación de la deuda y la asignación de un alquiler social.

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En España, las vidas de miles de personas están expuestas a las consecuencias del colapso de la burbuja inmobiliaria. Sólo en 2012, se han iniciado más de 65.000 ejecuciones hipotecarias, con una media de 115 desahucios al día.
«Más frágiles que una burbuja» presenta las historias de dieciocho familias de las áreas metropolitanas de Barcelona y Madrid afectadas por la crisis hipotecaria. Son historias que desvelan trayectorias distintas, pero que terminan encontrándose en la calle, justo frente al portal de su casa. Historias de personas que viven bajo la amenaza de quedarse solas, apenas acompañadas por los restos de un hogar fracturado.
Esta serie de retratos es el resultado de un proceso de acercamiento antropológico a la realidad de las familias, siguidas en el espacio privado de su hogar, así como en su participación en las dinámicas públicas de la densísima red de las PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca), el movimiento por el derecho a la vivienda del cual todos ellos forman parte.
En las miradas de los protagonistas toma forma una imagen dramática de la sociedad española contemporánea, hecha de uniones quebradas, negocios fallidos, enfermedades y estafas financieras. Todo esto se cristaliza en los rasgos de niños con un futuro ya comprometido, adultos conver tidos forzosamente en adolescentes y personas mayores que, sin embargo, son demasiado jóvenes para considerarse no productivas en la sociedad actual.
Historias de vulnerabilidad social donde el hilo conductor es la desesperación por la búsqueda frustrada del trabajo perdido y por los miles de euros en deudas hipotecarias que todavía les apremian, aun después de la pérdida de su vivienda. Una desesperación, sin embargo, que no quiere resignarse a la impotencia o al abandono del difícil camino de concienciación colectiva hacia la esperanza y una idea diferente de justicia social.
Las trayectorias de estas personas terminan siendo el espejo de un país marcado profundamente por las contradicciones económicas y sociales de la contemporaneidad. Su dignidad y el deseo de alcanzar una segunda oportunidad son lo que queda de una desgraciada promesa de abundancia que no se cumplió.

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2013
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